Daniel Jacinto Ávalos, Viceintendente Municipal y titular del HCD, tuvo la responsabilidad de referirse en el acto oficial del 20 de junio, a la figura del creador de la Bandera, Manuel Belgrano, y lo hizo resaltando hechos no por todos conocidos, y pidió acudir a los valores que determinaron el norte de su vida, “para enfrentar los tremendos desafíos de hacer de nuestro país aquel hogar para todos, sin exclusiones”, que tanto predicaba.

Comenzó remitiendo sus palabras a las “Autoridades, docentes, alumnos, señoras y señores…

 

Manuel Belgrano, uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social, entre otras muchas cosas, no tiene día en el calendario oficial ya que el  día de su muerte es el día de la bandera. Y  sabemos de la importancia que tiene el símbolo patrio para nosotros. Y Belgrano sigue sin ser recordado como se merece.

 

Muchos en la argentina, sobre todos los enriquecidos a costa del país y del trabajo de su gente, se enorgullecen diciendo que Belgrano murió pobre.

 

Pero omiten decir que Belgrano nació rico y que invirtió todo su capital económico y humano en la revolución. No dicen que Belgrano no se resignó a morir pobre y reclamó hasta los últimos días de su vida lo que le correspondía: sus sueldos atrasados, y que se aplicaran a los fines establecidos los 40.000 pesos oro que había donado para la construcción de escuelas y que le fueron robados por los apropiadores de la administración pública.

 

Las banderas de Belgrano: la honestidad, la coherencia, la humildad llena de dignidad siguen denunciando a aquellos a quienes llamó “parásitos”, “inútiles”, “especuladores” y “partidarios de sí mismos”, entre otras cosas.

 

Manuel Belgrano,  uno de los intelectuales más lúcidos de la revolución de mayo, nació en buenos aires el 3 de junio de 1770. Estudió en el colegio de San Carlos y luego en España en las universidades de Valladolid y Salamanca. 

 

Llegó a Europa en plena revolución francesa y vivió intensamente el clima de ideas de la época.

Así pudo tomar contacto con las ideas de Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Adam Smith y del fisiócrata Quesnay.

 

En 1794 regresó a buenos aires con el título de abogado y con el nombramiento de primer secretario del consulado otorgado por el Rey Carlos IV. El consulado era un organismo colonial dedicado a fomentar y controlar las actividades económicas.  Desde ese puesto Belgrano se propuso poner en práctica sus ideas. 

 

Había tomado clara conciencia de la importancia de fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficios del país. Creo escuelas de dibujo técnico, de matemáticas y de náutica.

 

Belgrano pensaba que la primera tarea que se debía emprender para construir un país más justo consistía en modificar radicalmente el sistema educativo colonial.

 

Propuso la absoluta igualdad de oportunidades para el hombre y la mujer. Entendía que “la mujer es la que forma en sus hijos el espíritu del futuro ciudadano”.

 

Las ideas innovadoras de Belgrano quedarán reflejadas en sus informes anuales del consulado, a través de los que tratará por todos los medios de fomentar la industria y modificar el modelo de producción vigente.

 

En memoria del Consulado 1802 presentó todo un alegato industrialista: “todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño es conseguir, no solo darles nueva forma, sino aun atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo. Y después venderlas”

 

Las ideas de Belgrano estaban cargadas de profunda sensibilidad social. Decía en un informe al consulado “he visto con dolor, sin salir de esta capital, una infinidad de hombres ociosos en quienes no se ve otra cosa que la miseria y desnudez; una infinidad de familias que solo deben su subsistencia a la feracidad del país, que está por todas partes denotando la riqueza que encierra, esto es, la abundancia y apenas se encuentra alguna familia que este destinada a un oficio útil…”

 

En septiembre de 1814 el directorio encomendó a Belgrano y Rivadavia una difícil misión en Europa: conseguir la aprobación de las potencias europeas para la declaración de nuestra independencia. La misión terminó en un rotundo fracaso.

 

Cuando Belgrano regresó al país a fines de marzo de 1816 había comenzado a sesionar el congreso de Tucumán y hacia allí se trasladó.

 

Participó en la declaración de la independencia y en el momento de discutir la forma de gobierno se sumó a la mayoría de los diputados que proponían la monarquía, pero sugirió no buscar príncipes en Europa sino entregarle el trono a un descendiente de los incas, como forma de reparar las injusticias cometidas por los conquistadores contra las culturas americanas.

 

La propuesta de Belgrano, que fue apoyada por san Martín y Güemes, no fue escuchada.

 

En enero de 1820 el general partió gravemente enfermo hacia su última misión: pacificar la provincia de santa fe. Pero a los pocos días debió abandonar la comandancia y marchar a buenos aires por motivos de salud.

 

El 13 de abril, ya en Buenos Aires, se dirigía al gobernador y ex amigo Manuel de Sarratea exponiéndole su “pésimo estado de salud”, acompañando la nota con una planilla donde le detallaba los sueldos adeudados. Sumaban 13.000 pesos. Sarratea no se dignó en contestar. El 19 de aquel mes de abril reitera su pedido, tras lo cual el gobernador le liquida una cifra humillante.

 

A Belgrano ya no le quedaban objetos de valor para vender y a su médico, el doctor Readhead, tuvo que pagarle con su reloj.

 

El 20 de junio de 1820 no fue un día más en Buenos Aires. En plena guerra civil, la ciudad tuvo ese día tres gobernadores y, sin que nadie lo notara, moría Manuel Belgrano.

 

Solo un periódico de buenos aires, el despertador teofilantrópico, dirigido por el padre Castañeda, se ocupó de la muerte de Belgrano. Decía “es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío que se hizo en una iglesia junto al río, al ciudadano ilustre general Manuel Belgrano”

 

Ni la gaceta, que era el periódico oficial, ni el argos, diario que se jactaba en su subtitulo de tener cien ojos para ver la realidad, vieron ni dieron cuenta de la muerte de Manuel Belgrano. Para ellos no fue noticia.

 

Confiemos que hoy la conmemoración de la muerte de ese verdadero súper héroe de nuestra patria nos toque en lo profundo de nuestro corazón y nos ayude a reflexionar sobre la imperiosa necesidad de acudir a las fuentes belgranianas de honestidad, sencillez, coherencia y valentía para enfrentar los tremendos desafíos de hacer de nuestro país aquel hogar para todos, sin exclusiones, que tanto predicaba el general Manuel Belgrano.

 

Gracias”, finalizó


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